miércoles, 16 de enero de 2013

En los Nidos de la suspicacia "Tras la Huella de Karl Blossfeldt"















































































El mismo sol la alumbra


El frío muerde su boca
y no la deja hablar
pero igual su lengua
discurre y
cuenta que hace siglos
vivía en una aldea lacustre
rodeada de nidos
y animales
que le enseñaron secretos


no se detiene en el tiempo
sigue hilando fino
con sus manos que moldean
máscaras o llaves
con las que entra
a campos de trigo
donde se revuelca
y frota su piel
 

 o donde su cuerpo
se abre a la desmesura
y escucha decir
top top
no vayas a caer en el abismo
cubre tu desnudez
pero ella se ovilla
se mira
y descubre el primer arco
los nudos con los que escribía
las cosechas o
el nacimiento de las cosas

ahora atraviesa una calle
el mismo sol la alumbra
y lleva bajo el brazo
todos los sucesos.

Juan E. González (1930)  "La Conversa", Tucumán, Argentina.

Dibujos a tinta china sobre papel de Inés González
Serie "Tras la Huella de Karl Blossfeldt"










2 comentarios:

icaro dijo...

como si de un pájaro construyendo un nido se tratase voy a unir las "ramitas" de tus dibujos con el "barro" del poema, para que tenga la consistencia necesaria, la robustez precisa sin que ésta reste comodidad al hogar

sobre las "ramitas"...

El alma de este nido nos obliga a mirarlo desde otra perspectiva más "blanda" por algunos lados, pero lleno de contrastes sin embargo


Hay algo en esa blandura que nos lleva a lo desconocido, a cierto peligro, como un terreno en el que no sabes si cuando lo pises se te hundirán los pies...y hasta qué profundidad.

Sin duda el sufrimiento existe en esta construcción, pero no exclusivamente.


Sobre el "barro"...

Es inmenso este poema y tiene todos los componentes....esa mujer hilando, ese moldear con su cuerpo...la sensualidad, pero además, la parte importante del "abismo"

Porque sensualidad no es sinónimo de algarabía, es placer íntimamente relacionado con cierta tensión.


...Y después de esta unión me he encontrado con un hermoso fragmento del diario de Alejandro Krawietz


Mañana de domingo. Un pajarillo, un ave de la mañana, viene a cantar cada día a las antenas de la terraza. Hoy, en el alba, he estado observándolo cantar como ellos cantan. Para sacar ese trino agudísimo y potente desde un cuerpecillo que apenas debe pesar cincuenta o sesenta gramos, el alado debe enfrentarse a un esfuerzo extremo. Cantar con todo el cuerpo. En la antena lo veo: todo su cuerpo vibra en el ritmo esencial que sólo a él le pertenece. Así debe cantar el poeta, me digo, igual que este mínimo habitante del aire: con todo el cuerpo, en vibración. El pájaro nos enseña de este modo una hermosa poética: todo al servicio del canto. El canto es la voz y es las alas. Es el ojo y es la uña. Y es el aire.

Al que yo me tomo la licencia de añadir...Y es el nido.


Te dejo un abrazo, desde el cariño y la admiración.



Inés González dijo...

Sabes de mis pasos y construcciones Carmen, y aciertas, das en la diana, cuando dices o adviertes el "peligro" en esa zona blanda, casi fangosa.
Este nido a diferencia del anterior ha sido complicado, será por esa disgregación.
Curiosamente cuando lo abordé me imaginé todo lo contrario, pero ya ves, las apariencias engañan, nada es lo que parece.
El proceso ha sido lento, pero también descubrí, que necesitaba cierto oxígeno.
El ausentarme unos días me ha permitido, al volver, desarrollarlo con una lucidez transparente.
Y el "remate" ha sido fantástico.
Esto me ha llenado de alegría.
Como así también, encontrar este poema inédito de mi padre, las casualidades no existen.
Creo que estaba destinado para este gran Nido.
Gracias por tus palabras y tu inmenso cariño.