sábado, 3 de abril de 2010

Extraño huésped


























Extraño huésped

Es extraño este huésped
este amor
cuanto más me despoja
más me colma

Claribel Alegría 1924 Estelí, Nicaragua.

miércoles, 24 de marzo de 2010

baraja aja


Foto de Juan Carlos Gargiulo




baraja aja

24 de marzo de 1996



baraja aja

la memoria

de llegar a esta fecha sin embargo

baraja aja

la timba

con lo que vivimos,

20 años



baraja aja

los discursos

baraja aja

antojadizos los ojos



baraja aja

la tinta

poblada de tumbas y timba

timba

la bandera

tumba

la sangre

timba y tumba

la palabra



no olvidar hacer tumba

para enterrar a la timba

enterrar los ascensos

y descender a la tumba

los ojos de los timbas



baraja aja

la memoria

timba

de estos años

baraja y timba tumba

baraja la tumba

en tantas manos


Alejandro Gil- Poeta y escritor argentino, nació en la ciudad de Salta en 1964 y se crió en Tucumán. Actualmente vive en EEUU. Publicó siete libros y miles de volantes poesía. La mayoría de su obra permanece inédita. Adaptó para el teatro a uno de sus libros.

jueves, 18 de marzo de 2010

Bitácora enraizada ( entre velos, raíces y ausencias)










Cuatro raíces







Calcinado clima de tu ausencia







Entre ramas



Velos







Mirando el mundo entre viñas







Sueño velado







Corazón de la bitácora



Sonrisa velada








Enraizada




Vuelo interrumpido

Soñé que era un ala
desperté
con el tirón
de mis raíces.

Claribel Alegría Nació en Nicaragua, en 1924. Desde muy niña vivió en El Salvador. Ha publicado una veintena de libros de poesía y narrativa.

Libro de artista " Bitácora enraizada" dibujos, fotografías, serigrafías, acuarelas, tintas, acrílicos y papel japonés.
Inés González 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

Fluir o memorar










Hace días revolviendo una caja que guarda fotos, encontré esta muy antigua, tiene nada más y nada menos que 34 años.
Posaba yo en ese entonces en oscuras circunstancias, como oscuras eran también las circunstancias que rodeaban a mi país. Un futuro negro se avizoraba en el horizonte, ruidos de sables y cuarteles azotarían en pocos meses a la República Argentina.
Corría por ese entonces mediados del año 1975, el golpe militar se produjo el 24 de marzo de 1976.
Con la mirada de una mujer que ha vivido observé detenidamente esta foto, la imagen me rebeló el rostro de una niña con una sonrisa abarcadora, sus ojos negros abiertos a la vida y a los desafíos aún no habían perdido la inocencia.
Casi con timidez sus brazos mecían a otra niña: mi hija Carolina.
La foto pequeña y desgastada, acusa el paso del tiempo en la múltiples estrías, dobleces y bordes carcomidos.
Hoy por circunstancias personales, la vida y el futuro también se me anticipan de forma umbría, o por lo menos así lo siento yo.
Me gustó verme con 21 años envuelta en esa sonrisa cargada de optimismo, de confianza en el futuro, en el hombre y en la vida.
Y quise atraparla, como forma de exorcismo, o de extraño ritual lavativo.
Cogí mi libro de artista (bitácora íntima) y sobre el grueso papel de trapo, a modo de collage estampé la fotografía. Pinté, dibujé y manipulé, ese rostro repetido tres veces.
Me miro y la miro, serán la misma persona? no me refiero a la tersura de la piel, al pelo o al brillo en la mirada, sino a esa pepita de oro que guarda nuestro interior y que denominamos identidad.
A veces los caminos recorridos nos imprimen una impronta tan profunda que terminan desencajándonos de la huella original.

Mirándote miras
el agua florida
de las fuentes y
vuelves a ver el sol
el espacio pulido
de las piedras o
el vuelo marsupial
rasante
de los pájaros
contra el cielo

tantas cosas reunidas
otra vez ante tus ojos
tanto trigo
que habla tu lengua
orla tu boca de sonidos
y derriba los muros

murolos donde estuve
con la voz velada
pero ahora
se me escucha hablar
echar nombres o
colores por la boca.

Cartas de Andrea de Azcuenaga ( fragmento) de Juan González

lunes, 1 de marzo de 2010

Atizando la lumbre










Ascender como Ícaro
es nuestra vocación,
pero tanta luz
ciega la mirada
y oscurece el camino.
Sólo somos deseo calcinado,
pequeños dioses
con alas cercenadas
en los talones de polvo.

Etelvina Astrada poeta argentina, ha publicado en España , la mayor parte de su obra poética: Poesía política y combativa argentina ( Zero Zyx 1978) Autobiografía con gatillo (Editorial Ayuso, Edymión, 1980) traducida y publicada en USA; Muerte arrebatada (Ámbito Literario Antrhropos, 1981), traducida y publicada en USA ; Las penas capitales (Editorial Orígenes, 1986); Libro de mal amor ( Ediciones Edymion, 1989), traducida y publicada en USA.
Ha integrado diversas antologías y colaborado en revistas de poesía de España, Latinoamérica y EEUU.

jueves, 18 de febrero de 2010

Piedra de horno










La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras calcinadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
tu boca, sustancia
comestible, y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
Tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando-no sé, me lo imagino-,gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quejándose -no sé supongo- , creo
Tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
baja de tus cabellos,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.

Nicolás Guillen

miércoles, 10 de febrero de 2010

Tierra de nadie










"Y está también el pausado brillo misterioso del pelo suelto en la almohada. Hay un codo rugoso bajo el oscilante seno izquierdo y éste queda rodeado, redondo y dormido en el ángulo del brazo. Un hilo de aire que sopla de tu boca o de la mañana roza el vello sombrío junto al sueño del seno, defendiendo la noche de tu cuerpo. Aquí la mañana, los hombres pesados y graves que despiertan sin ganas, quemándose el pecho con el café amargo y humeante. Allí tus sueños, el silencio y la mañana.
"Ella y yo nos inclinamos atentos sobre tu cabeza quieta por donde pasean pies ligeros y absurdos. Es como la sola vez que te vi dormir. Pero entonces era el amor y ahora es el misterio.
"Te miramos. A veces una mano se me va a tu mejilla para despertarte, para que parpadees veloz y asombrada lágrima y niebla de la noche y me oigas contarte que han pasado tantas cosas en mi, en la vida, y que sin embargo no ha pasado nada. Decirte nada y mirarte y emocionarme con nuestra antigua mirada. Pero el miedo quiebra mi mano y quedamos quietos y curvados mirando tu cara. Ya el sueño escapa de tu sueño lejano y obstinado. Como la luz grisada que vence las cortinas, las extrañas cosas y las locas personas que te llenan van desbordando la habitación.
"Lentos brotes se hinchan se crecen, enlazan los muebles, frotan los rincones con sus enormes ojos ciegos. Nosotros, la mañana, el aire que fuiste meciendo en la noche, la mano perdida en la sábana, el pezón vinoso replegado, todos somos tu sueño.
"Frotamos suaves y veloces, murmurando ansiosos nombres de Dios, largos ruegos obscenos, palabras violentas y unos secretos que estaban rezagados y acabamos de encontrar; somos angustias, bocas redondas de pescados, luna escamosa, arenales, rutas, y el hombre de negros anteojos que asoma desde el piso treinta y saluda con su revólver el fresco manojo de lilas a la cosa inmunda que trota las calles. Es el misterio de tu tierra dormida, la habitación nunca vista, la vieja sala embrujada con el bronce sucio de los candelabros, el piano desdentado y amarillo. el traje de baile perdido en el diván y la alfombra de extraviados dibujos con su vieja mancha de sangre y el esqueleto de una rosa, aplastado.
"Pero otra vez cae rota la mano que alzaba hasta tu hombro, tu mejilla, tu labio pesado y mustio. Porque quería contarte que han pasado cosas, tantas cosas en la vida y que, sin embargo, nada, nunca pasa nada".

Tierra de nadie 1941 Juan Carlos Onetti

viernes, 5 de febrero de 2010

No quedan más que señales






Se percibe
la cercanía de su cuerpo
que todo el tiempo
se balancea o emite
voces que invaden
el espacio o
los sitios donde ha llovido
donde alguien remueve
brasas para calentarse
y donde no hay otra cosa
que no sean señales
o gestos
miradas que van más allá
de los ojos

pero sobre todo bocas
que la sorben y
la devuelven humeante
como un huevo
lavas que sellan su eternidad
en los brazos de un árbol
que envuelve
sus piernas en medio
de una habitación revuelta
donde se consuma
el amor o
las luces intermitentes
del deseo que habla
a través de los cuerpos
su lenguaje primitivo

así calma su sed
en ciudades o idiomas
que se escuchan
por las bandas del dial
que su mano mueve
guiada por las parabólicas
que almacenan todos los sonidos.

Juan González

martes, 19 de enero de 2010

El vacío













Y cómo se hace el mar?
Yo no hice el mar:
lo encontré en sus salvajes
oficinas,
lo hallé dispuesto a todo,
crepitante,
pacífico,
atlántico de plomo,
mediterráneo
teñido de anilina,
todo era blanco y hondo,
hirviente y permanente,
tenía olas, ovarios,
naves muertas,
latía
su organismo.

Las manos del día 1967-1968 Pablo Neruda

sábado, 9 de enero de 2010

Océano














Los nacimientos

Todo era ser substancia temblorosa,
pétalos carniceros que mordían,
acumulada cantidad desnuda,
palpitación de plantas seminales,
sangría de húmedas esferas,
perpetuo viento azul que derribaba
los límites abruptos de los seres.
Y así la luz inmóvil fue una boca
y mordió su morada pedrería.
Fue, Océano, la forma menos dura
la translúcida gruta de la vida,
la mano existencial deslizadora
de racimos, las telas del ovario,
los germinales dientes derramados,
las espadas del suero matutino,
los órganos acerbos del enlace:
todo en ti palpitó llenando el agua
de cavidades y estremecimientos.
Así la copa de la vida tuvo
su turbulento aroma, sus raíces,
y estrellada invasión fueron las olas:
cintura y plenitud sobrevivieron,
penacho y latitud enarbolaron
los huéspedes dorados de la espuma.
Y tembló para siempre en las orillas
la voz del mar, los tálamos del agua,
la huracanada piel derribadora,
la leche embravecida de la estrella.


Los nacimientos Canto general Pablo Neruda

jueves, 7 de enero de 2010

La noche marina





Dime quién eres, llena de navíos


Canto general Pablo Neruda

sábado, 26 de diciembre de 2009

Preguntas




Son los senos de las sirenas
las redondescas caracolas?

O son olas petrificadas
o juego inmóvil de la espuma?


Libro de las preguntas 1971-1973 Pablo Neruda

lunes, 21 de diciembre de 2009

Navegaciones y regresos




Todo crece,
los árboles,
el agua,
los insectos,
el día.
Todo termina en una hoja.

Oda a una mañana del Brasil 1957-1959 Pablo Neruda

martes, 24 de noviembre de 2009

Corazón silencioso






Siempre vuelvo una y otra vez a Tagore, a sus poemas breves, inmensos de significado, contemplando esta xilografía que titulé "Corazón de árbol" me vino a la memoria este bellísimo poema de su libro "Luciérnagas":

Esta noche, mi alma se pierde
en el corazón silencioso de un árbol,
firme y solitario entre los susurros
de la inmensidad.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Respiración





Manuscrito de una respiración


"Y la respiración que hondo espía
me trasluce y traspasa
no sé qué resplandor. Me está esperando
con taller y con lápida
desde el vértigo mismo de la hoja del pulmón
hasta la vena ciega
y me hiere y me ayuda
tierna en su fibra, bien cocida en limpio,
y me hilvana y me cose
con polen de la luz junto al encaje
del hilo blanco y duro del ahogo,
del suave del suspiro
mientras el cuerpo se va yendo a solas.
¿Es que voy a vivir después de tanta
revelación?

"La cama me remueve y me depura
con olor muy de marzo,
con mirada de lluvia entre los pliegues
de la sábana y un
roce de lana virgen.
La oscuridad del tórax, la cal de uva de labio,
la penumbra del hueso y la penumbra
de la saliva
la médula espinal mal sostenida
por sus alas que duelen
cuando comienza a clarear y llega
un temblor de inocencia.

"La pared medianera
me da como salud, fiebre por gracia,
un desvanecimiento, un nacimiento.
¿Y quién llama a través de ella, quién
me ha escogido, quién
me está pidiendo algo y no me entrega?
Y tú te me vas yendo,
vas y vienes y vas y estás como perdida,
como huida de nuevo
en el momento que no tiene tiempo,
y vives otra vida, a lo mejor la mía,
de un sueño en cacería que no cura
y ya no espera más, está esperando
el fruto.

"Aviva el vuelo cuando ya no hay viento
aunque te vayas y no vuelvas, aunque
me pidas y te dé. Ya estás sintiendo
cómo se mecen, cómo se cimbrean
suavemente los olmos, hoja a hoja,
en las riberas de la amanecida,
con la precocidad del sufrimiento;
estás sintiendo ahora
este aire de meseta, el que más sabe,
el de tu salvación que no se oye
porque tú eres su música.
Y estas sintiendo cómo
la mayor injusticia de la vida
es el dolor del cuerpo, el del espíritu
se templa con espíritu. Y me sanas,
y yo te doy las gracias por venir
tan delicada que casi te veo.
¿Y qué voy a saber si a lo mejor mañana
es la mañana?"

Claudio Rodriguez

lunes, 28 de septiembre de 2009

Murmurado son






Como el son de las hojas del álamo


El dolor verdadero no hace ruido.
Deja un susurro como el de las hojas
del álamo mecidas por el viento,
un rumor entrañable, de tan honda
vibración, tan sensible al menor roce,
que puede hacerse soledad, discordia,
injusticia o despecho. Estoy oyendo
su murmurado son que no alborota
sino que da armonía, tan buido
y sutil, tan timbrado de espaciosa
serenidad, en medio de esta tarde,
que casi es ya cordura dolorosa,
pura resignación. Traición que vino
de un ruin consejo de la boca seca
de la envidia. Es lo mismo. Estoy oyendo
lo que me obliga y me enriquece a costa
de heridas que aún supuran. Dolor que oigo
muy recogidamente como fronda
mecida sin buscar señas, palabras
o significación. Música sola,
sin enigmas, son solo que traspasa
mi corazón, dolor que es mi victoria.

Claudio Rodriguez

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Animal herido





Moriré una y otra vez para aprender que la vida es inagotable.

Rabindranath Tagore (Calcuta 1861- Santiniketan 1941) Del Libro "Pájaros Perdidos"

Pájaros y luciérnagas. Estrellas, brisas y silencios. Dios. Éstos son algunos de los pobladores de los versos de Tagore, cuyas palabras están repletas de significado y , a la vez, no declaran más que lo que es y que ya todos sabemos. ¿Qué sentido puede tener detenerse a observar lo elemental? Ninguno, excepto entrar a formar parte integrante de ese mundo que se observa.
Isabel Margeli

lunes, 10 de agosto de 2009

Sueños





Él desea las telas del cielo


Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
recamadas con luz dorada y plateada,
las telas azules y las tenues y las oscuras
de la noche y la luz y la media luz,
extendería las telas bajo tus pies:
pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he extendido mis sueños bajo tus pies,
pisa suavemente, pues pisas mis sueños.

Willian Buther Yeats Dublín (1835-1939)
Periodista polémico, senador, autor y empresario de teatro. Premio Nobel. En cierta forma mago, pero antes que nada poeta, en obra y vida.

sábado, 18 de julio de 2009

Aventura seminal de la huella





UNA CASA SIN VENTANAS o cómo no mirar un cuadro.

Cuando contemplamos una pintura la sometemos a un saber previo. A nuestra ley. A una mirada que siempre es anterior. La "obra" es considerada como una ventana. A través de ella, contra ella, arrojamos nuestras formas de ver, los más sabios establecerán largas genealogías e influencias de estilo; otros destacarán el cromatismo o la agilidad de la muñeca; también hay quienes intentan descifrar el secreto que alberga el cuadro en su interior. Así, el cuadro se convierte en una ventana por la cual nos asomamos al alma atormentada del autor. Sus pinturas representan secreta y por ello más fielmente su yo más íntimo.
Tras esas ventanas intentamos descubrir el sentido de la obra, el querer-decir del autor, aquello que precisamente le instituye como director, jefe del sentido, creador, autor. Mirada que se instituye espectacularmente: nos descubrimos en el reflejo de la obra, onanismo autoafirmativo.
¿Y si por el contrario fuera una casa sin ventanas? Podría ocurrir que la obra del autor no se dejara tematizar bajo el concepto ventana, bajo ningún concepto, ni saber propio...que la autoría se viera así diseminada...que no hubiese sentido ni ausencia de sentido, sino un exceso de sentido, de huellas que no se dejan atrapar en una focalidad previa y que arruinan el buen sentido, la rectitud; temblor que lo atraviesa y lo desplaza: aventura seminal de la huella, huellas que no remiten a un sello original, lugar en el que el pincel ya siempre es huella del trazo pintado y éste de aquella, lugar sin espacio. Nada de ventanas ni de origen del sentido, sino una diseminación del origen; nada de creación, otro nombre de la teología, sino producción que afirma lo múltiple y la différance en el origen. Que borra toda pretensión de originalidad. En vez de obra, de ventana, un algo, un indeterminado, que no dice ni expresa, sino que inquieta: temblor y temor que sacude la tranquilidad de la casa, la propiedad, la identidad. Riesgo que imposibilita cualquier identificación. Algo con lo que se conecta, que produce, que contagia... Algo que borra las fronteras entre autor, obra y espectador. Algo que es imposible de prologar, de presentar. Algo irreductible a saberes anteriores. Algo que escapa a la mirada. Algo que sólo puede ser visto con el oído, con el olfato, con los poros. Algo que cuando no se mira acontece.

Julio Díaz

jueves, 9 de julio de 2009

Arden las pérdidas













Aún sus manos acuden a mis sueños adelantádose a un grito negro, a hierros ocultos en mi corazón.

Antonio Gamoneda