miércoles, 8 de abril de 2009

Llaga amarilla



Llegan los animales del silencio, pero debajo de tu piel arde la ampola amarilla, la flor del mar ante los muros calcinados por el viento y el llanto.

Es la impureza y la piedad, el alimento de los cuerpos abandonados por la esperanza.

Libro del Frio de Antonio Gamoneda

viernes, 3 de abril de 2009

Capturando imágenes


Bernuy de Porreros, Segovia invierno de 1991
Foto de Juan Carlos Gargiulo

Repetición como afirmación y memoria


Cuando digo: amo la repetición, lloro por la imposibilidad de repetir. Me encantaría poder repetir todo el tiempo, repetir todo: lo que es afirmación. Es incluso el sentido nietzscheano de la afirmación: poder repetir lo que se ama, poder vivir de tal modo que se diga a cada instante: quisiera revivir esto eternamente. Yo, y en esto soy feliz, no tengo una experiencia negativa en este sentido; todo cuanto vivo, o quizás casi todo, una buena parte de lo que vivo, es de tal modo que sería capaz de desear que recomenzara eternamente. Es un deseo afirmativo en el sentido en el que Nietzsche definía el eterno retorno en su relación con el deseo: que esto retorne eternamente. Tengo el sentimiento de que hay pérdida cuando sé que esto no se repite y que la repetición que amo no es posible; y llamo a esto pérdida de memoria, la pérdida de repetición, no de la repetición en el sentido mecánico del término, sino de la resurrección, resucitación, regeneración. Escribo, entonces para guardar. Pero la guarda no es un archivación monótona y muerta. Se trata, en el fondo, de memorias infinitas, de memorias sin límite que no serían forzosamente una obra filosófica o literaria, simplemente una gran repetición.
J. Derrida

martes, 24 de marzo de 2009

Aire con zumbidos






te comería el alma dijiste

y sucumbíamos en el infierno

de las cacerías

la pasión de la tribu

el olor de los cuerpos bañados

por una luz roja

que encendía las ventanas

las maderas el aliento de tu boca

universal que amé en la isla de oms

o en lindau en medio de la niebla

luz de tus ojitos de maíz

del vientre de las luciérnagas

luz de la linterna de diógenes

de la vela de rimbaud

en abisinia áfrica 1880

luz que ilumina el ocio

de los gatos

en la cabeza de los niños que nacen

de un perro que ha dormido

en las hojas del otoño

es tan lenta la mañana

es tan suave la dulzura de sus dedos

corderos que pasan atropellándose

como emperadores destronados sin destino

es tanto tanta cosa pública impública

que avanza o retrocede lejos de mi cuerpo

de tus ojos que puedo mirar

cuando hueles a piedra partida por un trueno

viejo ulises están oscureciendo el agua

florida de tus poros están azufrando

el vino perlado de las bodegas del puerto

de la ciudad del buen aire

aire con zumbidos y ruido de huesos

en el fondo del río de la plata

ojos que te hablan manos que te escuchan

mira el día

innumerables brazos rodean tu cintura

escucha el sonido de los cuerpos

que vuelven de las sombras chorreando sol

son gajos que me acarician

lenguas de miel que estallan en mis manos

voy aprendiendo sus nombres

sus señas particulares

no quiero olvidar nada

ni las manchas de sangre

ni los papeles llenos de secretos

que dicen "mataron el árbol de diana

el misterio soleado de las

voces en el parque"

flecha de humus que avanza y retrocede

sombras de animales y plantas

un bisonte herido huye hacia el infinito

pero sus formas quedan

en las cuevas de altamira


Del Libro "Pasión de la Tribu" de Juan González

jueves, 19 de marzo de 2009

Rostro


¿Qué nos queda una vez que hemos bajado hasta ahí?
El rostro;
el rostro que encierra "ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto" que es el "yo" infinitamente frágil, estremeciéndose en el cuerpo;
el rostro sobre el que fijo mi mirada con el fin de encontrar en él una razón para vivir ese "accidente desprovisto de sentido" que es la vida
Milan Kundera

El gesto brutal del pintor


En estos días se expone en Madrid una magnífica exposición del pintor Francis Bacon, a modo de un pequeño homenaje les transcribo estos textos del escritor Milan Kundera, brillante y lacerante análisis de la obra de Bacon.
"Un día Michel Archimbaud, que preparaba un libro con las pinturas-retratos y autorretratos de Francis Bacon, me propone que escriba el prólogo. Me asegura que éste fue el deseo del propio Bacon. Me recuerda un breve artículo mío publicado hace tiempo en la revista L´Arc que Bacon consideraba como uno de los pocos textos en los que él se reconocía. No negaré mi emoción ante semejante mensaje que provenía, después de tantos años, de un artista a quién jamás he conocido y que me ha gustado tanto.
Escribí ese texto en L'Arc ( que, más tarde, inspiró parte de mi Libro de la risa y del olvido), dedicado al tríptico de retratos de Henrietta Moraes, en los primeros tiempos de mi emigración, hacia 1977, obsesionado como estaba por los recuerdos del país que acababa de abandonar y que permanecía en mi memoria como la tierra de los interrogatorios y la vigilancia. Este es el texto:
"Era en 1972. Había quedado con una joven en un suburbio de Praga, en un apartamento que nos habían prestado. Dos días antes, durante todo un día, la habían interrogado sobre mí. De modo que ella quería verme a escondidas (temía que la siguieran en todo momento).
Si por casualidad me interrogaban, mis respuestas deberían ser idénticas a las suyas.
Era todavía una jovencita que apenas sabía del mundo. El interrogatorio la había trastornado y el miedo, desde hacía tres días, le removía sin cesar las entrañas. Estaba muy pálida y salía constantemente, durante nuestra conversación, para ir al baño- hasta el punto de que el ruido del agua que llenaba la cisterna fue acompañando nuestro encuentro.
La conocía desde hacía tiempo. Era inteligente, aguda, sabía perfectamente controlar sus emociones e iba siempre tan impecablemente vestida que su traje, al igual que su comportamiento, no permitía entrever la mínima parcela de desnudez. Pero, de pronto, el miedo, como un gran cuchillo, lo había rasgado. Estaba allí ante mí, abierta, como el tronco escindido de una ternera, colgado de un gancho de carnicería.
El ruido del agua llenando la cisterna en el baño practicamente no paraba y yo, de repente, tuve ganas de violarla. Sé lo que digo: de violarla, no de hacer el amor con ella. No quería su ternura. Quería ponerle brutalmente la mano en la cara y, en un solo instante, tomarla entera, con todas sus contradicciones tan intolerablemente exitantes: con su traje impecable y con sus entrañas en rebelión, con su sensatez y con su miedo, con su orgullo y con su desdicha. Tenía la impresión de que todas estas contradicciones encerraban su esencia: ese tesoro, esa pepita de oro, ese diamante oculto en las profundidades.
Quería poseerla, en un solo segundo, tanto con su mierda como con su alma inefable.
Pero veía aquellos ojos que me miraban fijamente, llenos de angustia (dos ojos angustiados en un rostro sensato) y cuanto más angustiados se ponían aquellos ojos, más absurdo, estúpido, escandaloso, incomprensible e imposible de realizar se volvía mi deseo.
No por desplazado e injustificable aquel deseo era menos real. No sabía renegar de él -y cuando miro los retratos-trípticos de Francis Bacon, es como si me acordara de aquello. La mirada del pintor se posa sobre el rostro como una mano brutal, intentando apoderarse de su esencia, de ese diamante oculto en la profundidades. Es cierto que no estamos seguros de que las profundidades encierran realmente algo -pero, como quiera que sea, en cada uno de nosotros está ese gesto brutal, ese movimiento de la mano que arruga el rostro del otro, con la esperanza de encontrar, en él o detrás de él, algo que se ha escondido allí."

jueves, 12 de marzo de 2009

Memorias del sueño


Otra vez el amanecer y sus gallos
mientras mis ojos, hace exactamente un instante,
se han abierto, contra la geografía del cielo.
Otra vez el arte ha salido al encuentro
con su labio mudo, sin reconocer las vocales
que se quedaron en el sueño.
Una vez más diré las mismas cosas,
veré, de este lado, ese cuerpo
que empieza a pertenecerme un poco más
cada día.
Hoy, amada pasión,
estás aprendiendo a desodiarme, aunque tu lengua
de perro extraviado me siga, dando silbos de nostalgia,
de rabia y me haga vagar
como un loco, entre mareas del verbo.
Hoy, apenas nadie te conoce
por que no eres, por que no estás
en las galerías de museo alguno,
y a pesar de ello
entras con tu pluma, en el pecho
de los que se mueren en las cárceles,
de los que hacen barcos de papel,
de los niños,
de los despatriados y absurdos,
de los que te olvidan
y sin querer te nombran,
de los que leen el periódico y hablan del tiempo,
de todos, digo
aunque sólo hables desde el umbral del sueño
con otro nombre y sin los vértices
que abren tanto río en el alma de las razas.
Tal vez, por todas estas cosas
alguien deberá contar la historia
con otras lenguas y otros colores,
mañana, cuando hayamos abierto las puertas
y la cuerda vibre para destruir
el cuerpo hueco del espanto. Entonces
no habrá más pena, ni más olvido
en nuestra gran casa, enorme boca
vacía de miedo, llena de luz y de risas,
como antes del naufragio que nos dejó mudos,
huérfanos de toda memoria.
Por eso, esta noche,
innumerables jirones de creación,
caminarán por entero nuestro cuerpo,
haciéndonos temblar,
dándonos otros huesos,
otros hilos, para iniciar esa nueva trama
que nos salve del olvido.
Daniel González

jueves, 5 de marzo de 2009

Juegos de tinta


Hace años que, a causa de su interés por la pintura al óleo, Zao Wu-Ki se había apartado de la aguada, tipo de pintura para la que se requiere ser chino y estar lleno de cualidades chinas si uno quiere lograr realizarlas de manera ligera y aérea. Y he aquí que antes de salir de vacaciones, me llama, y, al lado de grandes hojas de papel aún vírgenes y blancas como la nieve, me muestra otras a las que acababa de cubrir por medio de este procedimiento y tan sutilmente que en vez de tinta era humo lo que parecía haber penetrado en ellas. ¡Ah, esa sorpresa! ¡Y qué gozo! Así que había recuperado su herencia: los ritmos de la naturaleza, más importantes que la naturaleza, tal como se le aparecieron al pensamiento allá. El "Yang" le esperaba. El "Yin" también, indefectiblemente. El papel sin espesor los había acogido de manera totalmente natural.
Hace algo más de un milenio, un poeta pintor, Wang Wei, hizo, usando tan sólo tinta diluida, una de las cascadas más memorables de este mundo y cantidad de montañas y senderos, bosques, promontorios y pinos en grupo o aislados agarrados suspendidos en rocas elevadas. Para todos estos espectáculos extensos, utilizaba un color, uno solo; y para más inri era negro. Mil matices desde lo pálido a lo oscuro y su espontaneidad prodigiosa hacían el resto.
"Había hallado la manera de pintar el soplo de las nubes...sus montañas eran tratadas como juegos de tinta".
El maestro, dícese en alguna parte, "pone la tinta ligeramente aquí, pesadamente allá". Lo sin materia es lo que resucita a la materia, la materia en movimiento. Así, el pincel evasivo cubre una gran distancia: Tao de la pintura en donde simultáneamente desemboca la poesía.
El pueblo del pincel se ha sentido a gusto con esta pintura y, a través de los siglos, se ha ejercitado en ella.
Zao Wu-Ki ha reanudado los juegos de tinta; a su manera.
Más liberado de lo concreto que sus predecesores en China, y más que en sus propias pinturas, sobre superficies más desnudas, más intactas.
Crecimientos abundantes, emergencias, riadas centelleantes en los que participan, sin separarse, los tres reinos, unidos en un reino total, el de los nacimientos.
Una vez puesto el negro, el blanco del papel, que por aquí y por allá quedó vacante, en zonas inesperadas se despierta. Es el Vacío que, para la armonía del Mundo, nunca ha de faltar, en ninguna parte.
Las fuerzas del exterior (lo único que es mostrado) tienen que ver sin duda alguna-parentela del Cosmos-con la naturaleza de los hombres, de hombres que, espontáneos, llenos de impulsos, no parecen conocer el abatimiento.
Lo abstracto amplía su aposento
abstracto por desapego
purificación de las presencias
Desparramos aquí, secreto allá
¿huevos o islas?
señal última
Lo abreviado, lo residual
Lo que no ha sido arrastrado se detiene
elíptico
Una masa se vuelve rastro
Llamada a lo compacto
Lo vivo zumbando aún
nacido al instante
el instante siguiente, solamente supuesto...
El espíritu del aforismo vagabundea por los alrededores
Presencia sentida de la antigua perspectiva aérea...
Con la suavidad de la seda
un aterrizaje sobre playa de papel
Y siempre a la llegada
aun no sé qué descontraído
...en absoluto occidental.
Del libro "Escritos sobre Pintura" de Henri Michaux

jueves, 26 de febrero de 2009

Viaje


El desplazamiento de las actividades creadoras es uno de los más extraños viajes al interior de sí que pueda hacerse.
Extraña descongestión, adormecimiento de una parte de la cabeza, la habladora, la escribiente (parte, no, sistema de conexión más bien) Uno cambia de apartadero cuando se pone a pintar.
La fábrica de palabras (palabras-pensamiento, palabras-imagen, palabras-emoción, palabras motricidad) desaparece, se anega vertiginosamente y tan simplemente. Deja de estar. El brote se detiene. Noche. Muerte local. No más ganas, no más apetito parlante. La parte de la cabeza que en ello se hallaba más interesada se enfría. Es una experiencia sorprendente.
Extraña emoción, también cuando recobramos el mundo por otra ventana. Como un niño, hay que aprender a andar. No sabemos nada.
Nuevas dificultades. Nuevas tentaciones.
Todo arte conlleva su propia tentación y sus regalos.
Tan sólo hace falta dejar venir, dejar hacer.
Del libro "Escritos sobre Pintura" de Henri Michaux

domingo, 15 de febrero de 2009

Exposición en La Roggia




















jueves, 29 de enero de 2009

Exposición


miércoles, 21 de enero de 2009

Taxografías


El principio de la razón artística
Quizás no fue por falta de vocabulario adecuado que en la Grecia clásica utilizaran un mismo término para lo que hoy llamamos arte, oficio y mera habilidad productiva. Además de expresar esta polisemia, la palabra teckné aludía también a la imposibilidad de separar aquello que cohabitaba en la substancia hilemórfica, esto es, la forma y el fondo, o, como se diría posteriormente, el significante y el significado.
Cualquier obra que privilegia o amputa uno de los dos aspectos cae necesariamente en lo artesanal vacío de contenido, lugar en el que lamentablemente se encuentra buena parte del grabado actual; o acaba, por el contrario, en un fondo informe, como esas pinturas salidas de las manos de los esquizofrénicos, con demasiada idea pero poco desarrollo. Otro de los peligros, sin duda alguna, es el de intentar reconciliarlos armónicamente en una totalidad perfecta, apacible y tranquilizadora.
En los grabados de Inés González, se conjugan, pero en plena tensión discordante, los dos aspectos de aquella antigua palabra, intercambiando incluso a veces los papeles. En su obra, la técnica ya es el tema, y viceversa, pero burlando la identificación. El querer-decir juega como el querer-hacer en una lucha sin tregua en donde es imposible la plena separación, pero también la fusión. A la pregunta ya clásica que suele hacer el espectador, a saber: ¿qué ha querido significar el artista con todo esto?, se le reenvía al procedimiento técnico, en el que la cálida madera de las raíces y de las ramas (hyle, la denominaban aquellos griegos) es sometida al desarraigo del frío metal de la plancha, a su impacto impresor. Nos encontramos pues ante unos grabados en los que la técnica ya evidencia el sentido, que no es otro que el del exilio perpetuo y el de un duelo inacabable. Dicho de otro modo, la razón suficiente del arte es el destierro.
Fragmentos, desgarros, fracciones y extremos amputados de un jardín botánico son los elementos que aparecen repetidos en los grabados de Inés González. Heridas imposibles de cerrar, cicatrices imborrables que surcan el grabado, abombándolo o hundiéndolo mediante gofrados cada vez más acentuados, impugnan una totalidad imposible, la de cualquier paraíso.
Parece como si una legión de larvas minadoras hubiera escapado de los jirones de las plantas utilizadas en las calcografías, viviendo en los intersticios del papel. Quizá se aprovechan de la celulosa del soporte, creando nuevas galerías que mimetizan el crecimiento y la floración de su antiguo huésped para pasar inadvertidas dentro de ese nuevo hábitat en el que han sido desterradas.
Julio Díaz

sábado, 10 de enero de 2009

Taxografías


HUYEN heridas por el amanecer, laten sobre las aguas y su blancura se abre en ti: avefrías.
Viajan de lo visible a lo invisible. Ya
solo hay invierno en la ramas inmóviles.
Del Libro del Frio de Antonio Gamoneda

domingo, 4 de enero de 2009

Invierno



La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos
y yo pienso en el pan y las miradas
mientras camino sobre la nieve.
Hoy es domingo y me parece
que la mañana no está únicamente sobre la tierra
sino que ha entrado suavemente en mi vida.
Yo veo el río como acero oscuro
bajar entre la nieve.
Veo el espino: llamear el rojo,
agrio fruto de enero.
Y el robledal, sobre tierra quemada,
resistir en silencio.
Hoy, domingo, la tierra es semejante
a la belleza y la necesidad
de lo que yo más amo.
Blues castellano de Antonio Gamoneda

lunes, 22 de diciembre de 2008

Taxografías



¡Qué diferencia de emoción existe
entre el surco derecho y el izquierdo,
entre esa rama baja y esa alta!
La belleza anterior a toda forma
nos va haciendo a su misma semejanza.
Y es que es así: niveles de algún día
para caer sin vértigo de magias,
en todo: en lo sembrado por el aire
y en la tierra, que no pudo se rampa
de castidad. Y así tiene que vernos.
La luz nace entre piedras y las gasta.
Junta de danzas invisibles, muere
también amontonándose en sus alas.
Pero es distinto ya, es distinto, es
tan distinto que puede hacerse nada.
Si breve es el ocaso que alguien hubo
de iluminar, ahora yo de cada
cenit voy mendigando una ladera
como el relente un sol de lo que mana.
Miro a voces en ti, mira ese río
en la sombra del árbol reflejada
igual, lo mismo, entre la diferencia
de emoción, del sentir, que hace la escala
doblemente vital. Leche de brisas
para dar de beber a la eficacia
de los caminos blancos, que se pierden
por querer ir donde se va sin nada.
Ah, destempladme. ¿Quién me necesita?
¿Quién tiembla sólo de pensar que el alba
o algún pájaro vuelan hacia un lado
más suyo? Rama baja y rama alta.
La belleza anterior a toda forma
nos va haciendo a su misma semejanza.
Claudio Rodriguez

lunes, 15 de diciembre de 2008

Combates


Cuando empiezo algo nuevo, cuando arranco de verdad, los días siguientes son bellos.
Primero, una noche diferente. La imágenes de sueño habitualmente débiles y tan pronto aparecidas como olvidadas, las imágenes se presentan admirables. Las contemplo. ¡Qué espectáculo!¡Y el bien que me hacen!¡Y el color que tienen!
Por la mañana, al despertar, el mundo está lavado. los cojines de la salud me sostienen. Tengo riñones nuevos.
Esto durará varios días, luego atenuación, luego otra nueva atenuación (pero con el conjunto del yo más a sus anchas, demasiado a sus anchas tal vez. Habrá que torpedearle dentro de poco), un nuevo modus vivendi se ha instalado, secreto aún, que se le escapa a todos. He sido nuevamente infiel a mí mismo.
Ayer di con ella, esta vez sí, con la pintura al óleo (aunque anunciado, el hallazgo, cincuenta veces, y yo cincuenta veces timado; pero no había ningún"buen día de mañana")
Este elemento pastoso, pegajoso ( lo que más detesto en las cosas y en los hombres y en las mujeres: el pegamento), pues bien, esta vez, sé que voy a sacar algo de ello. Podemos incluso quedarnos algún tiempo sin hacer nada. Sé que eso está ahí. Nos esperamos...
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Pero muy pronto alergia a los barnices, a la trementina, a la gasolina, y ahí tenemos una nueva barrera que se levanta entre nosotros.
Del libro "Escritos sobre pintura" de Henri Michaux

viernes, 28 de noviembre de 2008

Paisajes


Paisajes apacibles o desolados
Paisajes de la carretera de la vida más que de la superficie de la Tierra
Paisajes del Tiempo que corre lentamente, casi inmóvil y a veces como retrasado
Paisajes de los jirones, de los nervios lacerados, de las "saudades"
Paisajes para cubrir la llagas, el acero, la esquirla, el mal, la época, la cuerda al cuello, la movilización
Paisajes para abolir los gritos
Paisajes como quien se pone una sábana sobre la cara.
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Nacido, criado, instruido en un medio y una cultura exclusivamente de lo "verbal", pinto para descondicionarme.
Aquí también, un día, tarde, adulto, me entraron ganas de dibujar, de participar en el mundo por medio de líneas.
Una línea antes que líneas. Así que empiezo, dejándome llevar por una, una sola a la que dejo correr sin levantar el lápiz del papel hasta que de tanto vagar sin asentarse en aquel reducido espacio, advenga necesariamente la detención. Una maraña, lo que se ve entonces, un dibujo como deseoso de entrar en sí mismo.
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A Trazos
Gestos más que signos
comienzos
Despertar
más despertares
A Trazos
Aproximarse, explorar a trazos
Aterrizar a trazos
extender
alterar a trazos
suscitar erigir
despejar a trazos
Deshacer
desviar
atraer nuevamente
rechazar
arrugar
insignificar a trazos
Horadar
empujar
buscando
buscando siempre LA SALIDA DE LA MADRIGUERA
Para liberar
Para soltar
para desecar
para desbloquear
para hacer estallar
En las fronteras siempre
olfateando el mal que se oculta
la enfermedad que comienza
los asaltantes que se preparan
Para lograr horadar el muro invisible
que siempre presente, rodea
Escalas por trazos
escalas en la larga, adormecedora navegación
Contra los barros
contra el paralizante secreto
contra todos los aglutinantes
los engatusamientos
las invasiones-contagios
que sobre el ser vigilante pesan
y entumecen, nebulizan, homogeneizan
Direcciones por los trazos
cambiadas, multiplicadas
estalladas por los trazos
Contra las alambradas de hoy
contra el descuartizamiento de mañana,
sobre la Tierra nuevamente en peligro
sobre el planeta actualmente en el punto de mira
Para el despojamiento
para los vuelcos
para desmantelar
para desrealizar
...vigilando la caldera
Trazos, para hacer caso omiso
trazos-zancadilla.
Contra lo que retiene, detiene, entumece
contra el estancamiento
APOYÁNDOSE EN LOS TRAZOS A MODO DE ABORTANTES
Contra el adversario disfrazado de cotidiano
contra los que nos "acortan los días"
En el borde del pozo de lo Incomprendido
Cura por los trazos
desembragues, golpes de timón por los trazos
Trazos: nuestra terapia, nuestra higiene,
nuestro perímetro defensivo
Supervivencia por los trazos
Para desprenderse sí mismo, para recuperarse a sí mismo,
para volver a desprenderse de sí mismo
para soltar, para desrealizar por los trazos
PARA CAMBIAR
para a la larga terminar por cambiar realmente el ser
que nos ha sido entregado como regalo
como una carga más bien, el día de nuestro nacimiento
y mucho antes
Contra la deriva
contra el paso
de las reiteraciones
para un nuevo escenario
Contra el jornalero servil
Contra la predestinación
REVANCHA POR LOS TRAZOS
Al fin de abrirse a otros encuentros
para desglutinar
para el desestablecimiento
Múltiples
en ningún caso uno
no reducido a uno
Para sembrar, para desparramar
Contra los adictos de lo Escrito
postes que en todas partes han de volcarse
para renacimiento
ofreciendo nuevos azares
Arranque por los trazos
contra el fasto, el despojamiento
contra el énfasis, la reducción
Negación, sustracción, RETIRADA POR LOS TRAZOS
Del nacimiento a la muerte, un trazo
modelo universal
De la mañana a la noche
de lo unicelular a la ballena
de la recolección a la industria
Trazos irreductibles de lo elemental,
sin alarmas sin ornamentos
primer debut y último de los trazos
de la tribu a la Sociedad
de la mano al imperio de los despachos
Trazos más pequeños que los más pequeños, en todas partes
bastoncillos ínfimos que escapan a la vista
trazos infinitamente saben expandirse, multiplicarse
dentro de los cuerpos humanos impotentes
Dueños de las enfermedades
Vuelta a lo puro, a lo sobrio, a lo estoico
de un trazo tacharlo todo
tachar ayer
tachar los debates,
los edificios, las empresas,
las intervenciones que agreden
las peticiones que berrean
la guerra, su guerra
la que viene, enorme
la auténtica Primera
misiles que caen de los cielos,
que no tendremos tiempo de ver,
trazos, la duración de un instante
poniendo fin a todo
para siempre
A TRAZOS
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Del libro "Escritos Sobre Pintura" de Henri Michaux

martes, 25 de noviembre de 2008

Atravesar el vidrio


Estás aquí de nuevo
te veo entrar por la ventana
atravesar el vidrio
y sentarte en el piso
con las piernas abiertas
ensayas un gesto
que trae el olor de la resina
o de madera estacionada
en un aserradero
ensayas otro gesto
simulas abrirte la blusa
o el color de tu piel
que es barroca
renacentista o
coloquial
pero sobre todo oscura
hermética como la voz
que sale de tus pechos
o de la blancura de tus dientes
Abro la sed abro
el deseo de
decir tu nombre
la hoguera
del mundo de bocas
cerradas
abro y saqueo tus
baúles
el oro de las axilas
o el marfil de tu saliva
y aprieto tu voz
ahogada en el grito
de las sonajas
del alfabeto
de la araña blanca
que anida
en tus pestañas.
Del libro "Cartas de Andrea de Azcuenaga" de Juan González

martes, 18 de noviembre de 2008

Serigrafía en construcción


Mientras trabajo olvido las palabras, busco decir sin ellas, ellas que se repliegan en ese avance ciego del dibujo, de la línea que excava su silencio y se convierte en palabra desmemoriada que ha perdido su rumbo.Es el aire el que habla, surco abierto, laberinto que esparce y comunica su abismo.
La claridad se aprende, cuando la herida aprende a no doler.
El artista grabador, al igual que el poeta, carece de argumentos. Su verdadero viaje comienza en el no sé; en el sometimiento y la liturgia de la palabra viva arrancada al silencio, del trazo orgánico, capaz de despertar a la materia inerte. Paradójica libertad creadora contenida en el obedecer. Es la contemplación del otro la que dibuja una mirada que descifra lo que sentimos, pero dejando siempre una zona de veladura, oculta tras la luz.
Ahora es noche cerrada. El fuego falso exhala sus últimos estertores. El rescoldo se rinde a la ceniza. Más allá del cristal, el paisaje no alumbra, entenebrece. Sólo el sonido existe. Sobre la mesa arde una tenue luz, abierta surco a surco. Alrededor, quedan restos, virutas, pedazos inservibles, limaduras, destellos. Dentro están las sombras, los paraísos. Las palabras regresan sin decirse.
Del libro "Sombras y Paraísos" de Rosana Acquaroni

sábado, 15 de noviembre de 2008

Palabras para una ciudad


Te construí en un sueño
un sueño de altas torres y jardines
ciudad río inmóvil
niebla deshecha por el viento
sube a mi voz ahora
y recorre conmigo
las memoriosas calles
el olvidado polvo de tu nombre
y vuelve vuelve desnuda
a desandar el tiempo
a rescatar tus imágenes perdidas
oh lámpara lejana
oh delgada sustancia
que vienes invadiendo
la zona del olvido
una muchacha iluminada
te sostiene en su arco
te construye en un día
piedra a piedra
sobre el tiempo
sobre la hierba
sobre la sed del verano
cerca de un río
en un espacio de pájaros y nubes
de pronto emerges
como una multitud de mariposas
con un cuerpo de luces y colores
con calles y avenidas
y barrios de viejos acordeones
alguien te habrá visto crecer
y habrá buscado debajo del musgo
después de muchos años
el tiempo de su infancia
algo una campana entonces
sonaba limpiamente en el aire
pero el tiempo pasa
corre preñado de grandes
y veloces días.
Del libro "Mandatos y Revelaciones" de Juan González

domingo, 9 de noviembre de 2008

Diseminación


YA NO hay recuerdo de los manantiales. El escultor de sombras
hunde sus manos en el silencio: crece el silencio y sus lentos cuchillos
entran en los sepulcros...
"Lápidas" de Antonio Gamoneda

lunes, 3 de noviembre de 2008

Algunas imágenes de mi taller




El misterio de la creación es inmenso
como la oscuridad de la noche.
La falsa ilusión del saber es como niebla
en la mañana.

Del libro "Pájaros perdidos" de Rabindranath Tagore







jueves, 23 de octubre de 2008

Diseminación


El viaje
No hay viaje sin naufragio
ni horizonte sereno,
recuerda estas verdades cuando se alcen las olas,
cuando tu triste cuerpo tendido en el camino
añore la grandeza de batallas pasadas,
las fauces codiciosas que buscan tu carne,
el hierro decidido que hundiste en el costado
porque no hay muerte ilustre
si no la necesaria
y nunca nos es dado elegir el paraje.
Eres la espiga seca que ha dispersado el viento,
el náufrago azotado que se aferra al madero
y no ha de serte extraño si la isla que sueñas
se aleja eternamente entre rugientes olas.
¿Qué esperabas acaso desafiar los mares,
al enfrentar los monstruos que aguardan el camino?
Solo la lucha es cierta,
jamás nuestra esperanza
y solo ha de salvarte
la fe del desterrado,
del hombre que navega
con temores,
con ansias,
sometido a los riesgos del mar
y del abismo.
Del Libro "El hacha de piedra" de Samuel Serrano