jueves, 8 de mayo de 2008

Ah jardines


Esta luz

HABLAN los manantiales en la noche, hablan en los imanes del silencio.
Siento la suavidad de las palabras olvidadas.

Antonio Gamoneda

martes, 29 de abril de 2008

Hierbas excitadas por el rocío


Arden las pérdidas

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mi.

Antonio Gamoneda

domingo, 20 de abril de 2008

Nunca la luz fue tan temprana


Ciruelo Silvestre

Y delicadamente
me estás robando hasta el recién cultivo
de mirada, pura
canción, árbol mío,
tú nunca prisionero o traicionero.
Hojas color de cresta
de gallo,
ramas con el reposo estremecido
de un abril prematuro,
con la savia armoniosa que besa y que fecunda,
y pide, y me comprende
en cada nervio de la hoja, en cada
rico secuestro,
en cada fugitiva reverberación.

Cuando llegue el otoño, con rescate y silencio,
tú no marchitarás.
Aquí, en la plaza,
junto a tu sombra nunca demacrada,
respiro sin esquinas,
siempre hacia el alba
porque tú, tan sencillo,
me das secreto y cuánta compañía:
en una hoja el resplandor del cielo.

Claudio Rodríguez

domingo, 13 de abril de 2008

Fugitiva reverberación


Sombra de la amapola

Antes de que la luz llegue a su ansia
muy de mañana,
de que el pétalo se haga
voz de niñez,
vivo tu sombra alzada y sorprendida
de humildad, nunca oscura,
con sal y azúcar,
con su trino hacia el cielo,
herida y conmovida a ras de tierra.

Junto a la hierbabuena,
este pequeño nido
que está temblando, que está acariciando
el campo, dentro casi
del surco,
amapola sin humo,
tú, con tu sombra, sin desesperanza,
estás acompañando mi olvido sin semilla.
Te estoy acompañando.
No estás sola.

Claudio Rodríguez

domingo, 6 de abril de 2008

Raíces inmóviles


Arden las pérdidas


Sobre la calcificación de las semillas, ante las flores abrasadas, en la desaparición del pensamiento, tejen la yerba manos invisibles. Temo su pureza.

Antonio Gamoneda

lunes, 31 de marzo de 2008

Heridas del viento


Arboles

¿Qué sería de los árboles sin el viento?. Su agitar de ramas. Su aletear de hojas.
Inmóviles. Imponentes, se expresarían de otra forma. En realidad lo hacen. Subjetivamente. A fuerza de imagen. De silueta recortada en el cielo. De soledad. O de bosque. O de misterio. De sugerencias. De imaginación. Cambiando de color. Amarilleando. Reverdeciendo. Cubriéndose de flores; de pájaros; de lluvia o de rocío. El llanto de la noche.
De polen, como un aserrín volador, engendrador de otro futuro aserrín. Arrojando semillas. Exhibiendo frutos.
¿Habrá en la tierra algo vivo más inmóvil que un árbol?. ¿O más imponente?.Viéndolos comprendemos el paso de la vida. Y de la nuestra. Y la de los otros. Tratamos de situarnos en el tiempo transcurrido e imaginar todo lo que sucedió mientras ellos crecían.
Y si no los hubiera, ¿cómo correría el aire y silvaría el viento de no existir hendijas, molinos, veletas?
¿Se han detenido alguna vez a dialogar con ellos? Todos tienen un idioma común y un lenguaje diferente.
¿A caso es lo mismo una hilera de pinos o una de álamos?. ¿Emiten los mismos sonidos?. ¿Han escuchado el del canto de las casuarinas. Los tubos de un órgano invisible suenan sinfónicamente. El aire se pone en movimiento y penetra en las ramas, el follaje, con suavidad, o de golpe, según la pasión desatada. Le hace el amor arrancándoles gemidos de placer.
Voces celestiales. Las fecunda. Se agitan, abandonan y murmuran en orgasmo invisible. Entre ellas se comentan como les ha ido con el viento. Inclinándose. Contándose sus experiencias. Gozando. Sin dejar de hacer sombra. Refrescando el lugar. Porque hay que disfrutarlas en primavera y verano. Nunca en invierno. El viento helado las viola. Sufren. Se resisten. No haceptan el amor a la fuerza. La penetración fría y despiadada. Responden con odio, sacudiéndose, gritando. Sometidas. En otro lecho. Si tálamo nupcial. Sin fecundidad. Sin frutos. A lo sumo ramas rotas. Son las heridas de la pasión del viento. Hasta los grabados de sus troncos, de otros amores, otras pasiones, parecerían difuminarse o llorar savia, lágrimas de resina. Y el viento sale de ellas llevándose sus secretos. Las voces de los pájaros. El piar de los nidos. El misterio de las tramas de las tela de araña. El andar de las orugas. El trajinar de las hormigas. El canto de los grillos escondidos en algún rincón de la noche. Las andanzas de Príapo. Todo ese sonido se suma al murmullo de las casuarinas. A su poesía. A su canto. Transportados por el aire en movimiento. Tibio, perfumado. Disueltos en él. Sin destino. Con la belleza de lo arcano. Nada mejor que tirarse a su sombra. Entornar los ojos y escuchar. Escuchar ese marvilloso lenguaje y soñar.
Probablemente los duendes del bosque harán el resto.

Juan Carlos Gargiulo marzo de 2008

viernes, 21 de marzo de 2008

Pesan las flores sobre las maderas atormentadas por la lluvia.


Libro del frío

Un bosque se abre en la memoria y el olor a resina es útil al corazón. Vi las esferas del sudor y los insectos en la dulzura; luego, el crepúsculo en sus ojos; después, el cardo hirviendo ante el centeno y la fatiga de los pájaros perseguidos por la luz.

Antonio Gamoneda

Hay una hierba cuyo nombre no se sabe...


sábado, 15 de marzo de 2008

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.


Botánica (del griego botaniké). Ciencia que trata de los vegetales (hierbas, plantas, pastos, raíces).

Raíz. Órgano que crece en relación inversa al tallo (...)// Parte de cualquier cosa, de la cual, quedando oculta, procede lo que está manifiesto.


La verdad, lo manifiesto tiene lugar en la obra de arte. Alétheia era la palabra griega para designar ese "desocultamiento", el desvelamiento de lo que permanece olvidado, callado y oculto. En Botánicas, sin embargo, el movimiento es inverso. La obra se detiene en el silencio de lo que ha querido encubrirse y desaparecer. Se resguarda en el espectro que se esconde. Cada raíz, cada rizoma son el testimonio de un jardín recóndito, en donde se guardan los secretos de la existencia. Botánicas mora en el recuerdo de un olvido.


Carolina Meloni